Brunelleschi y su huevo



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Querido Mies:

Esta es la historia de uno de los edificios más icónicos de Florencia y de cómo un orfebre italiano logro pasar a la prosperidad y resolver de una buena vez, uno de los problemas estructurales más complicados en la historia de la arquitectura.

Durante décadas los florentinos vieron azotada por la acción del sol y la lluvia al altar mayor de su catedral, Santa María del Fiore. La construcción quería reflejar la posición económica y política de una capital en potencia. Se había decidido entonces realizar la cúpulas más grande del mundo. Para ser exactos un domo de 50 metros de ancho. Para tener noción de la magnitud, equivaldría a un domo de media cuadra de diámetro. Y como si eso fuese poco la construcción debía realizarse a 55 metros de altura sobre paredes ya existentes de una planta octogonal.

El tiempo pasaba, pero nadie podía resolver este enigma estructural. En 1418 se convoco a un concurso en donde el ganador recibiría 200 florines de oro y su paso a la prosperidad. Las autoridades tenían el ojo puesto en un talentoso arquitecto, Lorenzo Ghiberti, creador de las puertas del baptisterio de la Catedral de Florencia. Pero para la desdicha de Ghiberti, un ingenioso orfebre llamado Filippo Brunelleschi se presenta al concurso. Sediento de hambre, prometía realizar la cúpula mas grande y pesada. El jurado intrigado, lo invita para que le explique los métodos constructivos con los que iba a resolver la edificación. Para la sorpresa de todos Filippo se niega a revelar sus secretos temiendo que le robaran su idea y propone que la mejor manera de decidir el ganador es mediante un duelo de destrezas. Aquel quien pudiera poner un huevo de pie sobre una mesa de mármol debiera ganar.

Los concursantes aceptaron el reto e intentaron realizar el desafío pero no tuvieron éxito. Brunelleschi toma el huevo y de un golpe lo deja de pie. Perplejos, los participantes alzan sus voces y se quejan objetando que cualquiera de ellos podría haber hecho lo mismo a lo que el ingenioso orfebre les contesta que también podrían construir la cúpula si el les hubiese develado su técnica.

Brunelleschi gano el concurso. Resuelve el problema creando dos cúpulas, una paralela a la otra conectadas entre sí ,mediante una escalera. La cúpula exterior no tendría función estructural, solo servia para proteger la cúpula interior. Entre ambos cascaras, situó un espacio hueco con nervios apuntados y anillos que forman la estructura.

En total se trata de 8 nervios principales y 16 secundarios que parten de un anillo de piedra y ladrillo en la base de la cúpula y envían los esfuerzos estructurales al tambor. Los nervios principales están unidos a los secundarios mediante anillos horizontales de piedra reforzado con acero. Estos anillos permitieron ir levantando la cúpula por partes colocando sobre ellos ligeros andamios, evitando el uso de grandes encofrados.

El Domo de Florencia sigue intrigando y deslumbrando a personas en todo el mundo, alzándose como una verdadera maravilla renacentista.

Hasta la próxima carta,


Nosotros, los arquitectos.

source
Dear Mies,

This is the story of one of Florence´s most iconic buildings and the how and Italian goldsmith could resolve probably the most difficult engineering riddle in architecture at the time.

This is the story behind the dome of Florence. Through decades, Florentines suffered as their beloved roofless cathedral fell apart because of the rain and sun.  Their idea was to construct a colossal and beautiful building, one that could demonstrate their political and financial power. Their set their minds to create the biggest dome in the world, to be precise a dome with a 50 meters diameter.  The problem was that nobody knew how to do it, but not only do they have to solve the dome, but also how to do it 55 meters above the ground.  

As time went by, nobody could find the answer so in 1418 they did a competition, where the winner would get a great deal of money and the passport to eternal glory. Lorenzo Ghiberti was the local favorite. Unfortunately for him, a young man named Filippo Brunelleschi joined the contest. He was hungry for glory so claimed he had the answer. The jury demanded he explained the way to construct the dome but Filippo didn´t trust them, he was afraid they would steal his design. So he proposed a skill duel. The one who could make an egg stand on end would win the commission to construct the dome.

They accepted the challenge but fail miserably. Brunelleschi took the egg and cracked it on its end, the egg stood up and did not fell.  The contestants were furious and argued that they too could do that so the Italian goldsmith replied that they also could do the dome had they seen his model.
Brunelleschi won the competition.  He solved the problem creating two parallel domes, connected through a stair. The exterior dome wasn´t structural but it protected the interior one. The key was his knowledge of gothic architecture. He used its principles and figure out that he could solve the problem with nerves. Between the two domes, he built 24 pointed nerves, 8 principal, and 16 secondaries. They were joined by horizontal stone rings which allowed working by periods with scaffolding not having to use gigantic shutterings.



The dome was completed in 16 years and intriguing people all over the world, rising still like a true renaissance wonder.

Looking forward to the next letter,



We, the architects.

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